Mauricio Flores Kaperotxipi fue un pintor vasco confirmado como uno de los principales aportes en el renacimiento de la pintura vasca del siglo XX. Su obra no fue ajena al vino. Esto lo podemos comprobar en “Un trago de vino”, fechado entre 1957 y 1958.

De niño compaginaba el trabajo en la sastrería familiar con las clases de pintura de Lucio Urbina. Fue descubierto casualmente por quienes se convertirían en sus mecenas: la duquesa de Goyeneche y el conde de Guaqui. Pasó ocho años en Madrid, los tres primeros en el estudio de López Mezquita. Viajó por Europa para contemplar sus principales museos. Con diecisiete años expuso en Madrid. Trabó amistad con Montes Iturrioz, Bienabe Artía y Julio Beobide. Conoció a Salvador Dalí. En 1930 expuso veinte cuadros en la Sala Witcomb de Buenos Aires. Algunos de ellos fueron adquiridos por los Museos Nacionales de Argentina y Uruguay. Prolongó su gira por Rosario de Santa Fe y Montevideo con gran éxito. El 1 de febrero de 1933 se casó con Benita Manterola.

En los años siguientes expuso en Chile, Uruguay, México, Cuba y Los Ángeles. El matrimonio se exilió a Argentina en 1938, debido a la Guerra Civil española (1936-1939). En 1943 se instalaron en Mar de la Plata. Fue colaborador asiduo del periódico de Buenos Aires La Razón. Escribió la primera antología sobre artistas vascos. En 1958 inauguró su propia galería, Kaperotxipi, que llegaría a ser la más antigua de Buenos Aires. En 1974 pasó seis meses en Saint Jean de Luz (Francia). Regresó a Zarauz en 1983 para veranear y ya en 1984 para el resto de su vida. Kaperotxipi se mantuvo al margen de las vanguardias. Cultivó la temática humana a través del retrato y la imagen etnográfica. Es un maestro en el modelado de las formas. Su paleta presenta colores risueños, con los que plasma escenas entrañables enmarcadas en el caserío o el puerto.