Paolo Domenico Finoglia o Finoglio fue un importante pintor italiano del Barroco, activo en la región napolitana. Su obra no fue ajena al vino. Esto lo podemos apreciar en su genial “Triunfo de Baco“, fechado no antes de 1635.

Son muchos los aspectos desconocidos de la vida y la obra de este artista. Su formación tuvo lugar probablemente en el taller del manierista Ippolito Borghese. Sin embargo, la mayor influencia para el joven artista fue la de Caravaggio, de quien Finoglia era ferviente seguidor. Este estilo tenebrista le llegó a través de Battistello Caracciolo, el mayor representante de esta corriente pictórica en el sur de Italia. Durante toda su carrera Finoglia supo integrar el amor por el detalle del último manierismo con los violentos efectos de luz propios de los caravaggescos. Se dejó influir por los artistas más representativos presentes en Nápoles en el primer tercio del siglo XVII, como Grammatica, Ribera, Stanzione, Guarino y Artemisa Gentileschi.

Finoglia desarrolló su propio estilo, de un naturalismo mesurado del que dejó las mejores muestras durante su trabajo en la cartuja de San Martín de Nápoles. Los primeros años de actividad como artista independiente se desarrollaron en la comarca de Lecce, aproximadamente de 1610 a 1616. Allí se casó con una mujer de la región, donde iglesias conservan obras de su mano. A partir de 1622, Finoglia trabajó para la familia del conde de Conversano, Giangirolamo II Acquaviva d’Aragona, para cuyo castillo realizó varias obras. La más importante de ellas fue la serie de diez lienzos con la Jerusalén liberada de Torquato Tasso, que le tuvo ocupado desde 1640 hasta su muerte.

Según el texto extractado de Úbeda de los Cobos, A. en: El Palacio del Rey Planeta. Felipe IV y el Buen Retiro, Museo Nacional del Prado, 2005, pp. 169-170; 204, “Paolo Domenico Finoglia tuvo una participación importante en el encargo de pinturas de la Historia de Roma para decorar el Buen Retiro. Pintó para el ciclo este soberbio Triunfo de Baco, un Combate de gladiadores (Patrimonio Nacional, Inv. 10022324), y un cuadro de asunto muy oscuro, tradicionalmente entendido como Masinisa llorando la muerte de Sofonisba. Este último ha sido atribuido a un inexistente artista francés conocido como André Leudel. Este Triunfo de Baco figuró en la Sala Reservada del Museo del Prado entre 1827 y 1838, desde donde pasó a las galerías del museo hasta 1882, año en el que comenzó su depósito centenario en el Museo de Tarragona. Resulta difícil apuntar una fecha para las obras de Finoglia pertenecientes a este ciclo que, en cualquier caso, sería necesario situar después de 1635, momento en que trabajaba de forma estable para Giangirolamo II Acquaviva en Conversano (Puglia). Poco ayudan los datos biográficos de este artista: su primera formación con el pintor tardomanierista Ippolito Borghese; su paso posterior por el taller de Battistello Caracciollo y el perfecto conocimiento de sus contemporáneos activos en Nápoles, Massimo Stanzione, Artemisia Gentileschi, José de Ribera, Francesco Guarino, etc., puesto que todas estas influencian aflora en momentos diversos sin señalar necesariamente una sucesión cronológica en sus pinturas. En el Triunfo de Baco la huella de Battistello Caracciolo es particularmente evidente en el violento sombreado y en los tipos físicos de facciones marcadas. Esta obra pudo formar parte de una serie dedicada a escenas mitológicas y asuntos relativos a la historia de Roma, en la que Baco protagoniza tres pinturas: esta de Finoglia, la de Stanzione y otra perdida de Ribera, conocida a través de una copia (La visita de Baco al poeta Icario, colección privada) y de la que se conservan únicamente tres fragmentos, dos de ellos en el Prado. El sentido de esta serie y su relación con el conjunto de los cuadros del ciclo de Roma antigua es una cuestión que no ha sido posible justificar convincentemente. Tampoco se explica cómo un pintor residente en Conversano pudo participar en un ciclo desarrollado entre Roma y Nápoles”.

El triunfo de Baco, probablemente se trata de uno de los temas mitológicos encargados para la decoración del palacio del Buen Retiro, en cuyos inventarios figuraban varias obras de este artista. Según este mismo documento, “a lo largo de las últimas décadas se ha tratado de establecer la existencia de una serie de cuadros relativos a la Historia de Roma, entre los que se encuentra esta obra, encargados por los representantes de Felipe IV en esa ciudad y en Nápoles a partir de una fecha cercana a 1634 para el palacio del Buen Retiro. Persisten veintiocho obras que pueden relacionarse con este proyecto (conservadas principalmente en el Museo del Prado y Patrimonio Nacional), a las que se pueden añadir otras seis más actualmente destruidas o cuyo paradero se desconoce, todas ellas citadas en la Testamentaría de Carlos II. En total, unas treinta y cuatro pinturas, el conjunto más numeroso de todos los del Retiro incluyendo el Salón de Reinos y sólo inferior en número a las escenas mitológicas que en esos mismos años el cardenal-infante don Fernando, hermano del rey, solicitaba a Rubens para la Torre de la Parada. Su número constituye el primer argumento que permite entender la importancia otorgada a este ciclo en el nuevo palacio”.

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Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes