Henri Julien Félix Rousseau, llamado “El aduanero Rousseau” por su trabajo en los servicios de aduanas​ en París (Laval, 21 de mayo de 1844-París, 2 de septiembre de 1910), fue un célebre pintor francés, uno de los máximos representantes del arte naíf. Su obra no fue ajena al vino. Esto lo podemos comprobar en “The Pink Candle”, fechada en 1908.

Henri_Rousseau_-_The_Pink_Candle_-_Google_Art_Project

Nació en Laval, de Mayenne. Laval es también ciudad natal de Alfred Jarry, una de las primeras personas en reconocer​ su talento. Henri Rousseau vivió en su juventud en Angers, que no era una ciudad grande en ese tiempo, de historia medieval, al borde del río Loira. Angers tuvo una tradición de tapicerías medievales,​ Al trasladarse a París, en 1868, a sus 24 años, esa tradición se refleja en sus visitas frecuentes al Museo Cluny,​ especializado en el arte medieval francés. Se dedicará​ a la pintura 4 años después de su llegada en 1868, de manera autodidacta.

Henri Rousseau dedicaba mucho tiempo a cada uno de sus cuadros, he aquí que su obra sea relativamente escasa. A pesar de las intenciones “realistas”, en la obra de Rousseau destacan el tono poético, la búsqueda de lo exótico y, sobre todo, su estilo naíf, reflejo de una aparente sensibilidad infantil propia de los artistas con poca o nula formación académica; esta ingenuidad otorga con frecuencia a sus trabajos un aspecto involuntario de caricatura. En el caso del pintor de Laval, es efectivamente su formación autodidacta junto a una primacía de la fantasía sobre lo real lo que determina este estilo, de difícil inclusión en movimientos artísticos de la época. A pesar de desconocer las técnicas compositivas, logró dotar a sus obras de un sugerente y complejo colorido, muy elogiado entre sus seguidores.

Aproximadamente desde 1890 se observa una maduración en su lenguaje pictórico. Si bien durante toda su carrera artística pintó obras de corte realista, con frecuencia también dejó que su fantasía se potenciara hasta casi el surrealismo. Por ejemplo, en La gitana dormida (1897) se ve a una mujer durmiendo plácidamente en medio de un exótico desierto mientras un león la observa muy de cerca; el paisaje y el león podrían ser una fantasía onírica de la gitana. En El sueño (1910), esta potencialización de lo superrealista es igual de perceptible. A menudo se incluye a Rousseau dentro del post-impresionismo francés. En cualquier caso, se le reconoce un estilo naíf original y muy intuitivo que le otorga un lugar destacado en la pintura francesa de finales del XIX y principios del XX, junto a sus coetáneos impresionistas, fauvistas y cubistas.

Rousseau frecuentemente desconoce u olvida las perspectivas y las proporciones. En su obra, los claroscuros no sirven para dar profundidad ni una impresión de contorno, con lo que sus figuras suelen parecer “planas”. Su técnica habitual era la de capas de óleo, comenzando por los cielos y el fondo y concluyendo con la figuración de los personajes y animales. En algunas pinturas repintó ciertas áreas (principalmente los follajes de primer plano), motivo por el que en la actualidad tales áreas se encuentran cuarteadas o con efecto de craquelado. Generalmente el acabado de la superficie es con un “glaseado”, una especie de satinado y/o barnizado, sabiamente dispuesto que le aporta un brillo equilibrado a la obra. Rousseau declaró que no tuvo otro maestro que la naturaleza, aunque admitió haber recibido algunos consejos de dos pintores academicistas: Félix-Auguste Clément y Jean-Léon Gérôme.

Si te ha gustado la obra, y también te gusta el vino, no pierdas la oportunidad de conocer todas las propuestas del sector en la tienda online de Licores Reyes: https://www.licoresreyes.es/shop

Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes