Max Ernst (Brühl, Alemania, el 2 de abril de 1891 – París, Francia, el 1 de abril de 1976) fue un artista alemán nacionalizado francés considerado figura fundamental tanto en el movimiento dadá como en el surrealismo. A lo largo de su variada carrera artística, Ernst se caracterizó por ser un experimentador infatigable, utilizando una extraordinaria diversidad de técnicas, estilos y materiales. En todas sus obras buscaba los medios ideales para expresar, en dos o tres dimensiones, el mundo extradimensional de los sueños y la imaginación. Su obra no fue ajena al vino. Esto lo podemos comprobar en “Ohne titel”, fechado en 1959.

Ohne titel (1959), de Max Ernst

La vida del artista alemán Max Ernst estuvo asociada al desarrollo del surrealismo y, a partir del estallido de la Segunda Guerra Mundial, a la difusión de la vanguardia europea en Estados Unidos. De formación artística autodidacta, estudió arte, filosofía y psiquiatría en la Universidad de Bonn. Comenzó su carrera de pintor dentro del expresionismo junto a su amigo August Macke, pero, desencantado de los valores burgueses que habían provocado la Primera Guerra Mundial, en 1918 se vinculó al grupo dadaísta de Berlín. Estableció contactos con los dadaístas de Zurich y París y un año después fue el principal impulsor del grupo dadaísta de Colonia. En esos años utilizó como método artístico un característico tipo de collage realizado a base de recortes de grabados antiguos.

Tras conocer personalmente a Paul Éluard y su mujer Gala en Colonia, Ernst se trasladó a París en 1922, donde se relacionó con el grupo surrealista de André Breton y desarrolló una pintura derivada de técnicas semiautomáticas, como el frottage, que consistía en poner un trozo de papel sobre una superficie de textura especial y frotarlo con un lápiz, o la decalcomanía. Esta última técnica, inventada por Óscar Domínguez en 1935, le ayudó a crear juegos de texturas que convertían sus paisajes en parajes de apariencia devastada. En 1938, tras abandonar el grupo surrealista parisiense por solidaridad con Éluard, se fue a vivir con Leonora Carrington a Saint-Martin d’Ardèche, al norte de Aviñón, donde reconstruyeron juntos una casa, llenándola de relieves, esculturas y pinturas. Al comienzo de la guerra fue encarcelado por ser súbdito alemán. Tras escapar y volver a ser internado en varias ocasiones, Ernst consiguió su liberación definitiva y decidió poner rumbo a Estados Unidos. Tras resolver todo tipo de inconvenientes, llegó por fin a Nueva York en julio de 1941, donde al poco tiempo se casó con la coleccionista Peggy Guggenheim, quien le había ayudado a salir de Francia. En 1953 regresó a París junto a su nueva compañera, Dorotea Tanning, y en 1958 obtuvo la nacionalidad francesa. El final de su vida lo pasó en Seillans, al sur de Francia.

Max Ernst regresó a París a principios de la década de 1950 y, como testigo de la recuperación europea de la posguerra, su espíritu se renovó de inmediato. En su vibrante paleta y su rica textura, Ohne titel subraya el optimismo palpable en la obra del artista de esta época. Werner Spies observa que “antes de la guerra, el interés se centraba principalmente en la actividad de [Ernst] como iconógrafo, el creador de una imagen fuertemente cifrada. Durante estos años transcurridos desde la guerra, otro aspecto de su personalidad artística ha pasado a primer plano: ahora considera las texturas empleadas en su cuadro no sólo como un modo de presentación, sino como el contexto de esa representación” (Werner Spies, The Return of La Bell Jardiniere Max Ernst 1950-1970, Nueva York, 1971, p. 62). Werner Spies, en un certificado que señala la inclusión de la obra en el catálogo rasionné, proporciona el título alternativo Porträt eines Künstlers als Cherubim (Retrato de un artista como querubín) para este cuadro.

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Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes