Fernand Léger (4 de febrero de 1881 – 17 de agosto de 1955) fue un destacado pintor cubista francés de la primera mitad del siglo XX. La principal colección de sus obras puede verse Museo nacional Fernand-Léger, localizado en Biot en los Alpes Marítimos, un museo del Estado francés inuagurado en 1960. Su obra no fue ajena al vino. Esto lo podemos comprobar en “Le pain et le vin”, fechado en 1949.

"Le pain et le vin" (1949), de Fernand Léger

Fernand Léger fue uno de los principales protagonistas de la vanguardia parisiense de la primera mitad del siglo XX. Se formó como arquitecto en Caen, y en 1900 se trasladó a París, donde trabajó como dibujante de arquitectura y acudió a las academias de pintura de Gérôme y de Gabriel Ferrier. La fuerte impresión que le produjo la retrospectiva de Cézanne de 1907 le hizo abandonar el impresionismo de sus primeras obras y sumergirse en el lenguaje de la vanguardia. Se relacionó con los pintores cubistas, con Apollinaire, y en 1910 entró a formar parte de los artistas de la galería de Daniel-Henry Kahnweiler. Sus primeras obras dentro de la órbita cubista tuvieron un componente figurativo, que evolucionó a partir de su serie Contrastes de formas, de 1913, hacia planteamientos más abstractos. Estuvo vinculado al grupo de Puteaux, un círculo de artistas entre los que se encontraban los hermanos Marcel Duchamp, Raymond Duchamp-Villon y Jacques Villon que, bajo la influencia de las teorías del filósofo Henri Bergson, estaban interesados por la analogía entre el arte, las matemáticas y la música. Léger expuso con ellos en los salones de la Section d’Or. También estuvo en contacto con la vanguardia rusa y con los futuristas italianos, y mantuvo una estrecha relación con el pintor Robert Delaunay.

Durante la Primera Guerra Mundial fue movilizado y acabó ingresado en un hospital. Posteriormente, durante el periodo de entreguerras su obra acusó la influencia de los preceptos de la revista L’Esprit Nouveau, fundada por el arquitecto Le Corbusier, que defendía la estética de la máquina, dando comienzo a su «periodo maquinista», en el que reflejaba su fascinación por el paisaje urbano de París. Su obra Composición con tres figuras, de 1932 (París, Centre Pompidou- Musée national d’art moderne), marcó el inicio de su interés por la figura humana y su personal acercamiento al clasicismo, siguiendo la tendencia generalizada de «vuelta al orden». Durante la Segunda Guerra Mundial se exilió en Estados Unidos, donde trabajó como profesor en diversas universidades. A su regreso a París, se afilió al Partido Comunista y hasta el final de su vida llevó a cabo una prolífica actividad creadora. Realizó numerosas pinturas murales y se interesó por las vidrieras, los mosaicos y los tapices.

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Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes