Cecilio Plá y Gallardo fue un pintor español. Gran parte de su obra se encuentra en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. Sus creaciones no fueron ajenas al vino. Esto lo podemos apreciar en Las doce, fechada en 1892.

Según texto extractado de Díez, J.L.: Maestros de la pintura valenciana del siglo XIX en el Museo del Prado. Museo Nacional del Prado, 1997, p. 178, se detalla que “este lienzo, premiado con una segunda medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1892, supone el primer éxito público de Pla en el género del realismo social, puesto de moda en las dos últimas décadas del siglo, y en el que este maestro valenciano dejará algunas de sus obras más significativas, en las que sin embargo aparece siempre considerablemente tamizado el sentido crítico de sus argumentos, mostrando por el contrario sus aspectos más amables, en escenas de naturaleza esencialmente dramática. En este caso, representa a un albañil almorzando durante el descanso del mediodía, como señala el título del cuadro, sentado en el suelo junto a su mujer, que le ha traído la comida a la obra. Sobre un improvisado mantel, sujeto con piedras en sus esquinas, pueden verse las vituallas que va sacando la mujer de su cesta, mientras en su regazo duerme plácidamente su pequeño hijito de pocos meses, que constituye uno de los fragmentos más bellos del cuadro. Están resguardados a la sombra del fuerte sol de mediodía, pudiendo verse al fondo diversos materiales de construcción”.

En este mismo documento se expone que “lo que en cualquier otro artista especializado en este género hubiera servido para denunciar las miserables condiciones de la clase obrera, subrayando el dramatismo de la escena con la inclusión del bebé, es transformado por Pla en un canto a la condición noble de los más pobres, representando a los protagonistas del almuerzo con ropas humildes pero aseadas, mostrando tan solo en sus expresiones la desdichada condición de su suerte. En estos años, el pintor no ha abandonado todavía su dibujo riguroso y una atenta observación del natural, que detalla todos los elementos de la composición, llamando la atención del espectador detalles primorosamente descritos como el puchero de barro, las alpargatas cosidas del albañil o el mordedor del pequeño”. No es la primera obra que analizamos de este autor, ya que en esta misma sección tiempo atrás contemplamos “Dos generaciones” (1901) ¿Lo recuerdas?

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Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes