Juan Luna y Novicio (Badoc, Filipinas, 23 de octubre de 1857 – Hong-Kong, 7 de diciembre de 1899) es el principal pintor filipino del siglo XIX y su obra, asociada al periodo de independencia filipina, está influida por el realismo plástico y por la obra de Eduardo Rosales. Su hermano era el militar Antonio Luna. Su obra no fue ajena al vino. Esto lo podemos comprobar en “La vida parisina”, fechado en 1892.

Juan Luna de San Pedro era hijo de Joaquín Luna de San Pedro y Laureana Novicio y Ancheta, ambos de etnia malasia. Sus padres no eran humildes, pero tampoco de gran fortuna. Inicialmente estudió en el ambiente de los jesuitas en el Ateneo Municipal, si bien desde joven no simpatizaba mucho por ese ambiente religioso y aprovechaba todo lo posible sus horas de ocio para ver y aprender pintura. Finalmente, mientras estudiaba pintura, también estudió para piloto en la escuela naval de Manila, llegando a trabajar como marinero y realizando varios viajes. Estos viajes le permitieron conocer otras ciudades (Singapur, Yakarta, Hong Kong, Colombo…), y culturas. No obstante, sus periodos de regreso los aprovechaba para seguir formándose en la pintura, lo que le llevó hasta el estudio del pintor español Agustín Sáez Glanadell, activo en Manila.

Lorenzo Guerrero era una personalidad que había reconocido el talento de Juan y se convirtió en su tutor. Llegó a convencer a sus padres para que lo enviaran a estudiar a España y el año 1877 viajó a Barcelona en compañía de su hermano Manuel, que era violinista. En España se inscribió inicialmente en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Allí entabló contacto con Eduardo Rosales. Posteriormente a la muerte de este, fue discípulo de Alejo Vera, con el cual marchó a Roma, donde pintó uno de sus cuadros más conocidos, Spoliarium, conservado en el Museo Nacional de Filipinas. En el grupo de pintores españoles de Roma también se encontraba temporalmente, coindiciendo con él, el pintor filipino Félix Resurrección Hidalgo.

En Roma permaneció varios años estudiando los maestros del Renacimiento y realizando obras muy importantes de su carrera y que obtuvieron importantes premios, como Daphne y Cleo (premio paleta de plata del Liceo Artístico de Manila) y La muerte de Cleopatra, adquirido por el gobierno español por 5000 pesetas, una cantidad de dinero altísima en aquella época. Su éxito fue muy importante en España y en Filipinas.

En 1885 se mudaría y abriría un estudio en el bulevar Arago, justo frente al de su compatriota Hidalgo. En 1888 su obra La batalla de Lepanto obtuvo una medalla de oro en la Exposición de Barcelona.

El año 1894 regresó definitivamente a su tierra, aunque siguió realizando otros importantes viajes (Japón) y misiones, coincidiendo con la época en que se independizó Filipinas del dominio español y fue ocupada por los Estados Unidos. Influido por el peso de la obra de Rosales, su obra se inicia en un estilo realista, aunque sus pinceladas, amplias, deshechas e indefinidas, le acercarían a la estética innovadora de fin de siglo en el último periodo de su vida. Su actividad en Roma con Alejo Vera le llevó a interesarse por la iconografía de la Antigüedad clásica, aunque después, durante la década de los noventa y coincidiendo con su estancia en París y su participación en el proceso independentista de su país, orientó su mirada hacia un mundo cotidiano y más contemporáneo.