Marc Chagall (Vítebsk, 7 de julio de 1887-Saint-Paul de Vence 28 de marzo de 1985) fue un pintor francés de origen bielorruso. Su obra no fue ajena al vino. Esto lo podemos comprobar en “La vendimia”, fechado en 1942.

Sus trabajos se pueden encontrar en la Ópera de París, en la Plaza del Primer Banco Nacional en el centro de Chicago, en la Metropolitan Opera House de Nueva York, en la catedral de Reims (Francia), en la catedral de Fraumünster en Zúrich (Suiza) y en la iglesia de San Esteban en Maguncia (Alemania). El museo que lleva su nombre en Vítebsk fue fundado en 1997 en el edificio donde habitó su familia. Dicho museo solo tiene copias de su trabajo, pues durante los tiempos soviéticos fue considerado persona non grata y no se reunieron ejemplares de sus obras.

Henry Miller le llamó “un poeta con alas de pintor”. En 1978, el pintor hispano-argentino Enrique Sobisch realiza con gran éxito, en Buenos Aires, una exposición de más de 100 obras en homenaje a Chagall, que este agradece personalmente. La editorial barcelonesa Acantilado publicó en 2004 su libro de memorias, escrito originalmente en ruso y publicado en París en 1931 en traducción de su esposa, Bella Chagall.

Marc Chagall se inspiró en las costumbres de la vida en Bielorrusia e interpretó muchos temas bíblicos, reflejando así su herencia judía. En los años 1960 y 1970 se involucró en grandes proyectos destinados en espacios públicos o en importantes edificios civiles y religiosos. La obra de Chagall está conectada con diferentes corrientes del arte moderno. Formó parte de las vanguardias parisinas que precedieron la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, su obra se queda siempre en los límites de estos movimientos y tendencias emergentes, incluyendo el cubismo y el fovismo. Estuvo muy conectado con la Escuela de París y sus exponentes, como Amedeo Modigliani. En sus obras abundan las referencias a su niñez, aun al precio de evitar las problemáticas experiencias que después vivió. Sus obras comunican la felicidad y el optimismo a aquellos que las observan mediante intensos y vívidos colores. Chagall gustaba de colocarse a sí mismo, a veces junto con su mujer, como observador del mundo, un mundo de colores visto a través de un vitral. Muchos consideran que La crucifixión blanca (y sus ricos e intrigantes detalles) es una denuncia del régimen de Stalin, del holocausto nazi y de toda la opresión contra los judíos. Chagall cultivó durante más de ochenta años un arte inspirado en el amor, los recuerdos, las tradiciones rusas y judías, los acontecimientos históricos o los hitos artísticos de los que fue testigo y, en muchas ocasiones, protagonista. Dentro del mundo del cine, cabe señalar como el director de cine Hayao Miyazaki, en su película Majo no Takkyūbin, realiza una escena con reminiscencias de la obra de Marc Chagall.