Francis Bacon (Dublín, Irlanda, 28 de octubre de 1909-Madrid, España, 28 de abril de 1992) fue un pintor de estilo figurativo idiosincrásico, caracterizado por el empleo de la deformación pictórica y gran ambigüedad en el plano intencional. Fue autor de 584 pinturas y alrededor de 600 dibujos. Su obra no fue ajena al vino. Esto lo podemos comprobar en “Hombre bebiendo”, fechado en 1955.

Considerable ambivalencia puede además ser detectada en comentarios suyos, tales como «quisiera que mis pinturas se vieran como si un ser humano hubiera pasado por ellas, como un caracol, dejando un rastro de la presencia humana y un trazo de eventos pasados, como el caracol que deja su baba» o «acaso algún día logre capturar un instante en toda su violencia y toda su belleza». “El hombre que pinta esas fotos horribles”, dijo de su obra la ex Primera Ministra británica Margaret Thatcher. Francis Bacon, el pintor irlandés y uno de los más trascendentes del siglo XX, no es un artista de medianías: se le ama o se le rechaza, porque su trabajo fue -y es- una inmersión hacia el lado más oscuro y retorcido del alma humana, con rostros, cuerpos y figuras desmembradas, mutiladas y expuestas desde distintos ángulos.

La alta cotización de Bacon en los mercados del arte se produjo a renglón seguido de su muerte, ocurrida en 1992. Tras una vida muy difícil y tormentosa, donde incluso la primera parte de su obra, realizada antes de la II Guerra Mundial fue destruida por él mismo, Bacon comenzó a ser valorado por su obra ya en una edad adulta, cuando situó la figura humana como el eje de sus preocupaciones formales, en una forma de romper con la figuratividad clásica, que fue llamada justamente Nueva figuración. La forma en que Bacon retrató al cuerpo humano se origina en el trauma que le ocasionó la guerra y las consecuencias psicológicas de esta, además de su propia interioridad: fue expulsado de su casa a los 16 años al manifestar su homosexualidad y tendía fuertemente hacia la autodestrucción. Sus primeros éxitos datan de 1944, cuando realiza el tríptico Tres estudios de figuras junto a una crucifixión, considerada una de las obras clave de la pintura contemporánea. Justamente nace con esta obra su predilección por el tríptico, formato que le dio un sello personal y donde se acerca al motivo desde distintos ángulos pero siempre manteniendo la unidad de la obra, generando una sensación de ambiguedad sobre el objeto, en especial en los retratos.