Cristino de Vera Reyes (Santa Cruz de Tenerife, España, 1931) es un pintor español, Premio Nacional de Artes Plásticas en 1998 y Premio Canarias de Bellas Artes e Interpretación en 2005. Su obra no fue ajena al vino. Esto lo podemos comprobar en “Figuras y bodegón”, fechado en 1956.

Completó su formación artística en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y en el Círculo de Bellas Artes. Se trasladó a Madrid definitivamente en 1951 y, aunque jamás se desvinculó de Canarias, su presencia en el día a día artístico ha sido más bien discreta.

Su obra está atravesada por una obsesión: la muerte. Y en torno a esta certeza se mueve todo un universo creativo que bebe de fuentes poco habituales. Toda su obra refleja una presencia importante del dibujo como andamio básico. “Místico” es un adjetivo que se le ha adjudicado con frecuencia. Su trabajo nace de la austeridad y la poesía, y se sostiene en una iconografía muy personal que siempre conduce a una reflexión espiritual, y que pasa por la muerte como único trámite cierto e inevitable. Aunque bien es cierto que De Vera tuvo una primera etapa donde cultivó el paisaje y el dibujo, y sus inquietudes parecían caminar por otros senderos. Algunos críticos sugieren una crisis personal como el golpe de timón que encauzó la trayectoria artística y personal de este pintor.

En julio de 2009, se inauguró la Fundación “Cristino de Vera” en La Laguna, Tenerife.