Obdulio Miralles Serrano (Totana, 1865 – Madrid, 1894) fue un pintor romántico murciano. Su obra no fue ajena al vino. Esto lo podemos comprobar en “El crimen de la taberna”, fechado en 1880.

El 3 de septiembre de 1865 nace en Totana Obdulio Miralles Serrano, quinto hijo del notario de esta localidad. A la muerte de su padre, con tan solo 12 años y una precaria situación económica, la familia se traslada a Murcia, donde Obdulio se forma en el instituto Alfonso X y comienza a mostrar sus dotes artísticas. Al cumplir los 20 años marcha a La Habana (Cuba) gracias a su tío Pedro, que estaba destinado como militar, e inicia su carrera como pintor, colaborando como ilustrador de prensa; pero también es allí donde contrae las fiebres que le afectarán mentalmente y más tarde le hará acabar con su joven y prometedora vida.

Las primeras noticias que tenemos de él, en la prensa local, corresponden al ingreso en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, en septiembre de 1891; obteniendo en su primer curso las más altas calificaciones en dibujo. Académicamente se considera discípulo del también pintor murciano Manuel Arroyo, quien parece tutelarle en aquellos primeros años madrileños, donde desarrolló su corta carrera, sin que nunca perdiera el contacto con Murcia. Prueba de ello es que ya en 1892 no deja de enviar obra a la ciudad, para su exposición pública, quizás con la esperanza de conseguir ser becado, y en diciembre de ese mismo año el Casino adquiere el que le había sido encargado, para la decoración del Salón de Billar, “Mi modelo”, otra de las joyas de su colección y una de las mejores obras de este autor. Un año más tarde volverá a trabajar para nuestra institución, con el encargo de “Las cuatro estaciones”, otra deliciosa obra compuesta por cuatro panneaux individuales de carácter decorativo.

La prensa no deja de hacerse eco de sus progresos y elogiar al joven pintor, que cuelga su obra junto a la de los considerados maestros. Pero, a pesar del gran éxito de críticas y a los numerosos encargos, su búsqueda de la perfección y el ansia de conservar la pensión con la que se mantenía, le hacen caer en una profunda depresión, quitándose la vida el 21 de diciembre de 1894, apenas cumplidos los 29 años, en su casa estudio de Madrid. El reconocimiento de la pintura de Miralles no se dilata en el tiempo, ya en 1917 se le dedica una exposición antológica en el Círculo de Bellas Artes de Murcia.

Entre sus obras están Retrato de niño con perro, Las cuatro estaciones, o la ya mencionada El crimen de la taberna. Pintó parte de El Congresillo, del Casino de Murcia.