Jean-François de Troy (París, 27 de enero de 1679—Roma, 26 de enero de 1752) fue un pintor francés de estilo rococó. Miembro de una familia de pintores, su padre, el retratista François de Troy (1645-1730), le inició en la pintura y le animó a viajar a Italia, paso obligado para cualquier pintor de la época, donde residió entre 1699 y 1706, principalmente en Roma, pero también visitó a otras ciudades del norte de aquel país. Su obra no fue ajena al vino. Esto lo podemos comprobar en “Dominio de Chantilly. El almuerzo de ostras”, fechado en 1735.

Dominio de Chantilly. El almuerzo de ostras (1735), de Jean-François de Troy

Aunque su dedicación principal fue la «pintura de historia», ocupado en asuntos religiosos, mitológicos o históricos, trató también los temas ligeros con escenas de la vida cotidiana (fêtes galantes) a la manera de Antoine Watteau. De regreso en Francia, en 1708 ingresó en la Academia. Entre 1724 y 1737, trabajó en Versalles y Fontainebleau, y diseñó cartones para las manufacturas de Gobelinos (Historia de Ester, Historia de Jason). En 1727 recibió junto con François Lemoyne el primer premio del «Grand Concours» organizado por el duque de Antin, director de las obras reales, por su cuadro de el Reposo de Diana (óleo sobre tela, 130 x 196, Museo de Bellas Artes de Nancy). En 1738 fue nombrado director de la Academia de Francia en Roma, donde murió en 1752. Entre sus alumnos destacan Marianne Loir y Antoine Favray, pero también Tadeusz Kuntz. Jean-François de Troy nació en París en el seno de una familia de pintores. Sus primeras lecciones las recibió de su padre, el pintor François de Troy, y después en la Académie Royale de Peinture et de Sculpture, de la que su progenitor era entonces profesor y director. Aunque no consiguió ganar el Prix de Roma, su padre le mandó a completar formación a Italia, donde permaneció desde 1699 hasta 1706; de esta etapa no se conserva ninguna de sus pinturas. En 1708 ingresó en la Academié Royale con la obra Niobe y sus hijos, hoy en Montpellier, en el Musée Fabre. A pesar de que oficialmente estaba considerado como un pintor de historia, Jean-François de Troy trabajó casi todos los géneros. Sus obras más conocidas son los tableaux de modes, de los que se considera su inventor, escenas de entretenimiento de la alta sociedad francesa. La declaración de amor, de 1731, conservada en Dresde, en el Schloss Charlottenburg, es uno de sus ejemplos más representativos.

En 1724 recibió el encargo de realizar dos pinturas decorativas con los temas Céfiro y Flora y Acis y Galatea para el Hôtel du Grand Maître de Versalles. A este le siguieron otras peticiones, entre 1734 y 1737, para los apartamentos reales de Versalles y Fontaineblau, como el Desayuno de Ostras, Chantilly, Musée Condé, Alegoría en honor de los niños de Francia, Palacio de Versalles, y el Desayuno de caza, Musée du Louvre. En 1736 realizó para la Real Fábrica de Tapices de los Gobelinos su famosa serie La historia de Ester, compuesta por siete grandes cartones, que gozaron de tanto éxito que fueron tejidas ocho veces durante el siglo XVIII. Dos años más tarde se trasladó a Italia, al ser nombrado director de la Academia Francesa en Roma, cargo en el que permaneció hasta 1751.

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Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes