William Hogarth (Londres, 10 de noviembre, 1697-id. 26 de octubre, 1764) fue un artista británico, grabador, ilustrador y pintor satírico. Se le considera pionero de las historietas occidentales. Su obra varía desde el excelente retrato realista a una serie de pinturas al estilo de los cómics llamadas «costumbres morales modernas». Mucha de su obra, que llega a veces a ser despiadada, se burla de las costumbres y la política contemporáneos. Es el gran maestro de la sátira social y política, en contacto directo con la literatura contemporánea de un Henry Fielding. Se le considera uno de los padres de la escuela artística británica, tras varios siglos de predominio de artistas extranjeros en el país. Su obra no fue ajena al vino. Esto lo podemos comprobar en “Conversación moderna de medianoche”, fechado en 1732.

Hijo de un pobre maestro de escuela y autor de libros de texto, William Hogarth nació en el barrio londinense de Bartholomew Close. En su juventud fue aprendiz del grabador Ellis Gamble en Leicester Fields, donde aprendió a grabar. El joven Hogarth también se interesó en la vida de las calles y de las ferias londinenses, y se entretuvo esbozando los personajes que veía. Por la misma época, su padre fue encarcelado por deudas en la prisión de Fleet durante cinco años. Hogarth nunca habló al respecto de este asunto. En abril de 1720, Hogarth se estableció como grabador independiente, primero grabando trabajos menores como escudos de armas y facturas de tiendas, así como ilustraciones para libros. En 1727 fue contratado por Joshua Morris, un tapicero, para diseñar una alegoría de El elemento Tierra. Morris, al oír que Hogarth era «un grabador, no un pintor», rechazó la obra cuando estaba acabada, y Hogarth le demandó ante el tribunal de Westminster donde, el 28 de mayo de 1728, el caso se decidió a favor de Hogarth. El 23 de marzo de 1729 Hogarth se casó con Jane Thornhill, hija del artista sir James Thornhill.

Tras unos primeros años como grabador y diseñador de segundo nivel, Hogarth decidió dar el salto a la categoría de pintor, pero no le fue fácil. En aquella época los grandes encargos artísticos de Londres eran acaparados por artistas extranjeros, dentro de un estilo rococó y ampuloso que Hogarth consideraba artificial. Los reyes y la nobleza ingleses subestimaban a los artistas nacionales y preferían convocar a los más cotizados del continente, lo que explica que desde el siglo XVI, los artistas ingleses fuesen eclipsados por autores extranjeros instalados en el país como Hans Holbein el Joven, Rubens, Van Dyck, Orazio Gentileschi, Sebastiano Ricci y Canaletto. Hogarth criticaba el gusto inglés por la mitología y los retratos pomposos, pero la falta de encargos le obligó a flaquear en sus convicciones: abordó temas históricos de la Antigüedad, pero no alcanzó resultados convincentes.

Su despegue como artista de renombre se puede situar en la década de 1730, cuando se volcó en sus temas satíricos. Lector de Jonathan Swift, criticaba la hipocresía de las clases altas. Su viaje a París en 1744 le hace conocer el rococó francés, lo que le influye en sus conversation pieces y en el tratamiento de los vestidos y las telas en sus cuadros. Hogarth intentó explotar comercialmente sus mejores creaciones, repitiéndolas en grabado. Sin embargo, alcanzó tal éxito que fue víctima de la piratería; sus diseños eran replicados de forma indiscriminada en Europa, y él apenas se lucró de ellos. En 1745 se representó junto a su perrita Trump en un famoso autorretrato (Museo Tate Britain de Londres) inspirado en otro autorretrato de Murillo (ahora en la National Gallery de Londres). Hogarth procuró reflejar su personalidad: se supone que el perro es símbolo de perseverancia, y él viste ropajes modestos. Junto a su efigie aparecen varios de sus libros satíricos favoritos. Una paleta muestra la inscripción The line of Beauty (El análisis de la belleza), que alude a un tratado de estética que estaba preparando. Lo publicó, acompañado de grabados, en 1753. En él, defendía la expresividad del trazo curvo frente al sobrio neoclasicismo. El artista se encuentra enterrado en el cementerio de San Nicolás, en Chiswick Mall, Chiswick, Londres. Su amigo el actor David Garrick escribió la inscripción de su tumba.

Hogarth vivió en una época en la que el arte se comercializaba cada vez más y se veía en los escaparates de las tiendas, tabernas y edificios públicos. Todo el arte estaba transformándose, popularizándose, como podía verse en las óperas baladas frente a la ópera seria extranjera o las novelas de autores como Henry Fielding. Por ello, Hogarth acertó al tomar como tema de sus obras pintar y grabar temas morales modernos. Provenía de una tradición moralizante propia del Protestantismo, representada en la pintura de género holandesa, y los vigorosos panfletos satíricos ingleses. En Inglaterra las Bellas Artes tenían poca comedia antes de Hogarth. No obstante, sus grabados eran caros, y solo en el siglo XIX se divulgaron alcanzando a un público más amplio. Cuando se analiza la obra del artista en su conjunto, Ronald Paulson, moderna autoridad sobre Hogarth, le ve como un auténtico y subversivo parodiador. Dice: “En La carrera de una prostituta, todas las láminas excepto una están basadas en las imágenes de Durero de la historia de la Virgen María y de la Pasión”. En otras obras, parodia la Última cena de Leonardo da Vinci. De acuerdo con Paulson, Hogarth está subvirtiendo el establishment religioso y las creencias ortodoxas en un Dios inmanente que interviene en las vidas de la gente y produce milagros. En realidad, Hogarth fue un deísta, un creyente en un Dios que creó el universo pero que no interviene directamente en la vida de sus criaturas. Sus grabados satíricos son considerados a menudo como importantes precedentes de las historietas. La ópera de Igor Stravinsky, The Rake’s Progress, con libretto de W. H. Auden, se inspira en las series de pinturas de Hogarth de ese título.