Frente a los bodegones holandeses, con su desordenada acumulación de objetos suntuarios que nos hablan de un mundo «masculino», de expansión ultramarina y éxito comercial, la disposición regular de los enseres y los dulces en la presente obra refleja una esfera más hogareña, «femenina», de alimentos cotidianos en blanco y tonos terrosos —ocre, anaranjado— que tienen el color de la tradición. Los bodegones de Van der Hamen, deudores de las composiciones de Sánchez Cotán, son un paradigma de simplicidad. Su obra no fue ajena al vino. Esto lo podemos comprobar en “Bodegón con loza y dulces”, fechada hacia 1627.

De ellos emana una imperturbable quietud, una atmósfera de recogimiento, que logran transfigurar los objetos humildes. «También entre los pucheros anda Dios», como reza el célebre dicho de Santa Teresa. Según comenta Mar Borobia, “Juan van der Hamen compaginó las tareas en la Guardia de Archeros con las de pintor. Sobre su formación artística, que con toda probabilidad hizo en Madrid, se sabe poco, aunque en el campo de los bodegones, género por el que fue admirado y conocido, tuvo presentes los trabajos del toledano Sánchez Cotán, así como las novedades de especialistas en el tema procedentes del norte de Europa. Su primer encargo oficial, en 1619, fue precisamente un bodegón de caza, solicitado por Felipe III, para la decoración del palacio del Pardo. Juan van der Hamen, además de sus personales bodegones, cultivó la pintura de historia y el retrato, del que constituye un buen ejemplo el Retrato de un enano, conservado en Madrid, en el Museo Nacional del Prado. Su pintura fue estimada por los coleccionistas más distinguidos de su época, con una demanda que le obligó a abrir un taller en el que trabajaron discípulos y ayudantes, factor que nos ayuda a comprender las diferentes calidades que encontramos en su producción”.

En esta composición, según Mar Borobia,Van der Hamen ha abandonado el «marco ventana» para exponer sus objetos al mismo nivel, alineados sobre una superficie lisa donde la iluminación va trabajando los volúmenes de forma enérgica. Las piezas que Van der Hamen ha seleccionado para la tela son sencillos recipientes de loza, cristal y madera, que, agrupados en dos asimétricos conjuntos, separa en el centro con un montón desordenado de dulces. La sobriedad que emana del conjunto se consigue no sólo por la disposición y por el tipo de objetos elegidos, sino también por el espacio vacío y el aire que circula entre ellos. El pintor construye con sencillas diagonales, en las que se van acomodando los recipientes y en las que el color, fundamentalmente un blanco luminoso y un intenso rojo, acentúa estas líneas.Van der Hamen utilizó para sus bodegones piezas selectas, como el vidrio veneciano, la terracota de Tonalá, Guadalajara, Nuevo México, así como los dulces, que espolvoreados con una gruesa capa de azúcar son, por sí solos, uno de los atractivos más singulares de sus cuadros con bodegones”.

A partir de 1628 su interés por la pintura de flores le llevó a realizar floreros independientes y guirnaldas de flores, género que pudo introducir él en España, a la vez que comenzaba a interesarse por la pintura de paisajes y experimentaba en diversos formatos y soportes, pintando según testimonia el inventario de sus bienes piezas circulares y octogonales sobre cobre o madera. Si te ha gustado la obra de Van der Hamen, y también te gusta el vino, no lo dudes y visita hoy mismo la tienda online de Licores Reyes: https://tienda.licoresreyes.es/shop

Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes