Nacido en Italia, de familia española de origen asturiano, Luis Egidio Meléndez fue hijo de Francisco Antonio, el miniaturista, y sobrino de Miguel Jacinto, el retratista. Inició su educación en Madrid junto a su padre, después siguió las clases de la Junta Preparatoria de la Academia de San Fernando y fue alumno de Louis-Michel van Loo, llegando a dominar a fondo la técnica del retrato, como lo prueba su magnífico Autorretrato (Musée du Louvre).

Bodegón con pepinos, tomates y recipientes (1774), de Luis Egidio Meléndez

La expulsión de su padre de la Junta, y un probable conflicto con Van Loo, generado por ello, determinaron su despido de los estudios académicos. Marchó a Italia y regresó a España, donde trabajó inicialmente como miniaturista, pero su papel preponderante lo desarrolló en la naturaleza muerta convirtiéndose en uno de los más destacados pintores de bodegón de la historia del género. Pertenece, en lo concerniente a su actividad, a la segunda parte del siglo XVIII, cuando la centuria entra en una fase decisiva, lentamente preparada a lo largo del reinado de Felipe V, tanto por la presencia de extranjeros en la corte como por los viajes que efectúan los españoles a Italia y los proyectos de reorganización de las enseñanzas artísticas, época que alcanzará sus más altas cimas con Goya.

Los cuadros de Meléndez, por lo general, son de una gran sobriedad y están ejecutados con una solidez de dibujo y un realismo perfeccionista que alcanza hasta los más mínimos detalles. Sus composiciones ordenadas y claras, gustando de los contrastes de luces y sombras, gozan de una intensidad tal que recuerdan los mejores aciertos de Sánchez Cotán o Zurbarán; en este aspecto es continuador de la brillante ejecutoria hispánica del XVII. Sus creaciones se han dispersado por colecciones privadas y museos de España y del extranjero. El Prado posee un gran conjunto de piezas de su mano, que proceden del Palacio de Aranjuez y responden a un grupo que él mismo tituló: “[…] un divertido gabinete con toda especie de comestibles que el clima español produce […]”. A veces denominado “el Chardin español” su producción carece del impulso lírico de las obras del francés, más exquisitamente diversificadas.

Meléndez es un experto en el tratamiento de las superficies, evidenciando una extraordinaria habilidad para conseguir dar idea de las calidades de las cosas: frutas, cerámica, cristal, corcho, textiles, metales o piedra. En algunos lienzos introduce el fondo de paisaje lo que los aproxima al bodegón napolitano. Maestro de la fuerza expresiva y casi mago de la técnica, refleja, en su deseo de exactitud, los principios del mundo ilustrado en su aplicación a describir los elementos de manera que puede ser entendida como didáctica

En “Bodegón con pepinos, tomates y recipientes”, el autor ha procurado conjugar los componentes más característicos de una sencilla ensalada, aprovechando al tiempo el asunto para mostrar junto a los pepinos y tomates -contrastados merced a su diversidad de tonalidades-,un lebrillo de Alcorcón tapado con un plato que sin duda pertenece al grupo que figura en torre a su lado, todos de Puente del Arzobispo; se añaden una vinagrera, una alcuza y un salero, utensilios relacionados entre sí, bien por ser empleados para el servicio, bien por contener los condimentos adecuados para tan popular combinado de viandas.

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Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes