Daniel Vázquez Díaz (Aldea de Río Tinto —actual Nerva—, 15 de enero de 1882-Madrid, 17 de marzo de 1969),​ fue un pintor español. Considerado un artista entre el realismo y el cubismo —también denominado por otros como neocubismo— fue un retratista y paisajista sobresaliente. Dentro de su obra destaca la decoración mediante frescos de unas salas del Monasterio de La Rábida, Palos de la Frontera como una alegoría de carácter muy personal del descubrimiento de América. Su obra no fue ajena al vino. Esto lo podemos comprobar en “Bodegón con manzanas y libro”, fechado en 1920.

Bodegón con manzanas y libro (1920), de Daniel Vázquez Díaz

Mientras cursaba la carrera de Comercio en Sevilla, comenzó a pintar a modo de entretenimiento tras descubrir la obra de Zurbarán y de El Greco. En 1903 se trasladó a Madrid para dedicarse plenamente a la pintura y copiar a los grandes maestros del Prado, entablando relación con Juan Gris, Solana y Darío de Regoyos. En 1906 viajó a París y trabajó junto al escultor Antoine Bourdelle, conociendo a Picasso, Braque, Modigliani y Max Jacob, entre otros, y asimilando cierto espíritu vanguardista. Desarrolló un estilo personal que mezcla la pincelada constructiva de Cézanne con la estructuración geométrica y en diversos planos del cubismo. A su regreso a España en 1918, impartió clases, primero en su taller, y después desde la cátedra de Pintura Mural de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, que ganó por oposición en 1932.

Se convirtió en uno de los pintores más representativos e influyentes de la España del momento, destacando fundamentalmente por su labor como docente, antes y después de la Guerra Civil, a través de la cual difunde un cubismo que formalmente le ayudó a crear composiciones de gran monumentalidad arquitectónica, y que serviría de puente a los jóvenes artistas del país, sobre todo durante la posguerra, con las tendencias que se desarrollaban en el resto de Europa. Entre sus discípulos encontramos a artistas tan dispares como José Caballero, Juan Manuel Díaz-Caneja, Rafael Canogar y Cristino de Vera. Además de ser un buen paisajista, resalta su faceta como ilustrador y como retratista de algunos de los personajes más relevantes de la cultura contemporánea. Entre sus obras sobresalen los murales del Descubrimiento que realizó para el monasterio de La Rábida (Huelva) entre 1927 y 1930 y que le consagraron como pintor. Un año antes de su muerte, en 1968, fue nombrado miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

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Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes