Pablo Puchol (Valladolid, 1876-Ibidem, 1919) pintor español identificado con el estilo denominado pintura de historia, desarrolló fundamentalmente la temática religiosa y el retrato, aunque elaboró también un número considerable de paisajes y bodegones. Pertenece a una escuela de gusto conservador, que primó el dibujo pero sin minusvalorar el tratamiento de la luz, no así tanto el del el color, en consonancia con la sobriedad formal imperante en el estilo de los pintores castellano-leoneses de la época. Su obra no fue ajena al vino. Esto lo podemos comprobar en “Bodegón”, fechado en 1902.

Calificado por Javier Baladrón, como practicante de un estilo que recuerda al de los denominados pintores Nazarenos. De la misma opinión es José Carlos Brasas Egido, catedrático de Arte de la Universidad de Valladolid y académico de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid, así como René Jesús Payo Hernanz, de la Real Academia Burgense de Historia y Bellas Artes (Institución Fernán González). Su prematuro fallecimiento, con 43 años, truncó el desarrollo de su labor artística cuando ésta alcanzaba la madurez, lo que seguramente imposibilitó el desarrollo de una obra más personal y menos de encargo. Su prematura ausencia nos privó de conocer cual hubiera sido el influjo en su obra de los importantes nuevos movimientos procedentes de Europa y que tanto influyeron en sus coetáneos.

Es un período (segunda mitad del siglo XIX) de fuerte incremento de la actividad pictórica religiosa en Castilla y muy especialmente en Valladolid. Frecuentemente citados como integrantes de esta corriente, son los maestros y académicos castellanos Blas González García-Valladolid y Luciano Sánchez Santarén. En este contexto cabe interpretar la lectura que sobre la obra religiosa de Pablo Puchol, se realiza en la reseña del trabajo, anteriormente referenciado “Pintores Vallisoletanos olvidados” de Javier Baladrón, donde se dice al respecto: Por lo general, todos sus cuadros religiosos ofrecen el ya comentado sabor almibarado, representativo de una clientela interesada en una espiritualidad alambicada y devota, deseosa de imágenes fuertemente idealizadas…

Sus cuadros figuran en varios centros e instituciones, así como en algunas colecciones particulares. De ellos destacan diversos retratos, individuales y en grupo, de los miembros de la familia de los marqueses de Cobo Latorre, así como un cuadro de La Magdalena, de gran valor artístico, regalado por Puchol a los marqueses y que la hija de estos, religiosa de las Dominicas Francesas, llevó al convento de su congregación (Convento de las Francesas). Diversos retratos del Dr. Romón, uno de ellos en el que aparece atendiendo a un paciente (“médico pulsando a una enferma”,1.07×0.88, presentado en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 191214​). Dos retratos, uno de busto y otro de cuerpo entero, del cardenal Cos, que se encuentran en la Catedral de Valladolid y en un templo de la localidad de Cabuérniga (Cantabria).

Aun cuando su obra abarca muchos de los temas que en la pintura pueden tener cabida, es evidente que desde sus comienzos ha sentido una clara preferencia por la figura, alcanzando en el retrato un elevado nivel en la ejecución, en la que destaca de forma singular la expresión, las facciones y mirada de los retratados, que imprimen vida a todo el rostro. Admirador de la labor artística del sevillano Bartolomé Esteban Murillo, realizó copias de varias de sus obras. Concurrió a distintos certámenes provinciales y regionales, en 1912 obtuvo un segundo premio conjuntamente con Marcelina Poncela Hontoria (Ontoria para otros autores) y Gabriel Osmundo Gómez.