William-Adolphe Bouguereau (La Rochelle, 30 de noviembre de 1825 – 19 de agosto de 1905) fue un pintor francés del academicismo. Alumno de François Édouard Picot en París con 21 años y pensionado en la Villa Médici romana con 25. Hombre fuerte del academicismo francés, primer presidente del departamento de pintura de la Sociedad de Artistas Franceses y gran favorito de la clase adinerada de su época. Vivió 80 años y se le reconocen más de ochocientas obras. Ilustres admiradores suyos fueron, por ejemplo, Napoleón III y el pianista y compositor romántico Chopin. Otros grandes artistas contemporáneos como Gauguin, Cézanne o Van Gogh lo aborrecieron o ignoraron. Su obra no fue ajena al vino. Esto lo podemos comprobar en “Bacchante”, fechado en 1894.

Bacchante (1894), de William Adolphe Bouguereau_1

De origen pequeño-burgués (típico origen del artista contemporáneo), con 14 años se inicia en el arte clásico y toma clases de dibujo con Louis Sage, discípulo de Ingres. Su padre no quería que el chaval fuera artista (otro cliché), pero al final su talento es demasiado y consigue entrar en las instituciones francesas (École des Beaux-Arts), donde comienza a trabajar y cobrar un salario digno. Empieza a ganar también los típicos concursos para artistas académicos, y con el tiempo Bouguereau acabará siendo elegido miembro de la Academia francesa de Bellas Artes, estableciéndose como el pintor más grande de Francia (según los académicos… como sabemos, hay otros pintores subversivos que pasarían a la historia con mayor gloria). Su estilo es naturalista, auto-complaciente, casi onanista. Bouguereau demuestra continuamente su evidente dominio de las técnicas pictóricas academicistas (y también de las claves sociales de la hipocresía burguesa). Bouguereau pinta lo que el burgués quiere mirar: mujeres desnudas (a veces también hombres), que disfrazadas como escenas mitológicas, suben tanto la inteligencia como la líbido.

El analista y crítico de arte inglés Ian Chilvers, define a Bouguereau como pintor de «retratos de aspecto fotográfico, obras religiosas hábiles y sentimentales y desnudos tímidamente eróticos»,​ como un bello prototipo del dominio de las técnicas pictóricas academicistas y de las claves sociales de la hipocresía burguesa. Pintor de indudables dotes e influencia social mientras vivió, Bouguereau fue —como explican Edward Lucie-Smith y Stephen F. Eisenman en sendos estudios de la historia crítica de la pintura del siglo XX— uno de los más hábiles artistas de su época a la hora de pintar lo que el burgués quería mirar: mujeres hermosas y rotundas, tiernas adolescentes, niñas pobres encantadoras y muy limpias. Concluye Eisenman, que contemplando sus cuadros, el burgués más ignorante entendía la fastuosidad de la mitología clásica y llegaba a la tranquilizadora conclusión de que la vida del campesino es el jardín del Edén. De carácter beligerante desde niño y soberbio desde sus primeros éxitos oficiales —según relatan sus biógrafos—, Bouguereau se convirtió en un enemigo temible y despiadado con todo aquel que no viese y reconociese su esfuerzo artístico con la referida ‘mirada burguesa neutra’.​ Cezanne lamentó en cierta ocasión haber sido excluido del «Salón de Monsieur Bouguereau» (refiriéndose a la anual convocatoria de la Academia). Chilvers, en su Diccionario de arte, citando al escritor francés J.-K. Huysmans, concluye sobre Bouguereau: «condenado durante años como maestro en la jerarquía de la mediocridad y enemigo de todas las ideas progresistas», recuperó en el último tercio del siglo XX cierto prestigio, respaldado por la edición lujosa de su obra y los altos precios alcanzados en las subastas.

Bacchante (1894), de William Adolphe Bouguereau_2

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Un artículo de Alberto Muñoz Moral
Responsable de Comunicación de Licores Reyes